Juan Falú – Ernesto Méndez
Viernes 20 de mayo de 2011. 21hs. Café Vinilo. Gorriti 3780. Bs. As.
Entrada general $40.
Astillas florecidas del mismísimo palo de una Argentina interior -anterior y posterior a la de estos días- Juan y Ernesto suben guitarra en ristre la cuesta de las maravillas y les pesa más el furor de abrir el abra de la hermosura, que el sonoro y constante poder de sus apellidos.
Con la guitarra de pié entre otras guitarras del mundo, reconcilian la belleza y el rigor y hacen de su diálogo con el instrumento un perfume de aurora que lo mismo da que baje de unos cerros inmemoriales o suba desde unos ríos igualmente eternos como el agua. El diálogo es la materia de sus cuerdas y el horizonte de sus honduras: venga de adentro o de afuera, todo música real les pertenece porque el arte verdadero tiene identidad, pero no tiene fronteras.
Ambos son parte de esa generación que viene a restituir al folklore argentino la elegancia, el donaire y la exigencia de los saberes populares, que siempre han sido algo más urgente y necesario, que las viejas disputas entre memorias y olvidos. Huelen a la madera de sus cunas y a su vez a los mejores aires del camino.
No hay diálogo sin pertenencia y Ernesto y Juan bajan desde el patronímico de sus tierras para hacer cantar la guitarra, como quien repartiera pañuelos de presente para los cantares futuros. La Tradición verdadera sabe bien de estos oficios. Y ellos lo saben con ella.
Hoy están aquí y entre nosotros. Podrían juntos o separados estar en Londres, Roma o Sevilla...en los llanos venezolanos o en las nieves de San Petersburgo. Pero están aquí y predicarán desde sus cuerdas esa razón de vecindad que iguala por la raíz a todos los pueblos del mundo.
Razón musical del diálogo de culturas, su novedad no es otra cosa que esa claridad de luna que deja a unos en el monte y pone a los otros en el camino. Razón de luna nomás. O espejo y desobediencia de una misma luz que es el cauce eterno en que ha cantado y cantará siempre el pueblo.
Separados y juntos esta noche recorrerán el país de notas de una zamba, una cueca, un chamamé, quizás un tango o la solitaria flor de una vidala. Virtuosos por exigencia propia y fieles por la sóla razón de la alegría, recuerdan para mirar, tocan para creer.
Ernesto y Juan, este Falú y el Méndez. Alégrese el alma que los escucha. Bendito sea el País que los tiene.
Miguel Ángel Federik
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