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Cimap (que significa Creadores e Intérpretes de Música Argentina en Piano) es un proyecto que nació hace seis años, encabezado por la pianista y docente Hilda Herrera e integrado por un grupo de jóvenes intérpretes de entre 20 y 30 años, en su mayoría. Este colectivo musical acaba de publicar su segundo disco, Huellas, que es doble e incluye temas propios y de varios compositores conocidos. Además, el último viernes comenzó en el Centro Nacional de la Música un ciclo de conciertos que se realizarán una vez al mes, en la sede de México 564.
Para esta ocasión, parte del grupo de solistas (Lisandro Baum, José Bulos, Liliana Campo, Sebastián Gangi, Juan Pablo Marcó, Jorge Martínez, Matías Martino, Nicolás Müller y Andrés Pilar) preparó un repertorio con obras de Ariel Ramírez, a modo de tributo al compositor, fallecido hace algo más de un mes.
Según Müller, encargado de la apertura, la intención que tienen con este proyecto es trasladar la canción al piano, y Ramírez es uno de los mayores exponentes de la canción (aquí vale agregar: a pesar de haber sido pianista; no autor ni cantante). Si bien puede ser todo un desafío, los pianistas estuvieron a sus anchas, ya que Ramírez fue uno de los mayores melodistas del folklore, y hay que tener en cuenta que la melodía es un elemento en torno al cual gira buena parte del trabajo que realizan desde Cimap.
Eso quedó expuesto ya desde las primeras composiciones de Ramírez que se escucharon: "Gringa chaqueña", de la serie Mujeres argentinas, en la versión de Müller, y, de la misma serie, "Dorotea la cautiva", por Marcó; "Juana Azurduy", por Martínez, y "Alfonsina y el mar", por Andrés Pilar. En una noche que culminó con la participación del bombisto y bailarín Vitillo Abalos como invitado, también hubo buenas interpretaciones de Liliana Campo, que puso el cuerpo y el alma a "La última palabra", y Lisandro Baum en dos obras muy diferentes entre sí: "La tristecita" y "El nacimiento del charango".
Para el próximo mes, el ciclo, de entrada libre y gratuita, continuará con otra entrega pianística. Mauro Apicella
Dirección Nacional de Artes / Dirección de Música y Danza
CIMAP
"Creadores e Intérpretes de la Música Argentina en Piano"
Dirigido por: HILDA HERRERA
Concierto de Apertura del Ciclo "Argentina desde el piano 2010"
Un emotivo recorrido por buena parte de la obra del gran músico argentino, recientemente fallecido.
Pianistas:
Lisandro Baum, José Bulos, Liliana Campo, Sebastián Gangi, Juan Pablo Marcó, Jorge Martínez, Matías Martino, Luis Melicchio, Nicolás Müller, Andrés Pilar.
Viernes 9 de abril - 20 hs.
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA
Centro Nacional de la Música
Sala Carlos Guastavino
México 564 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires
El CIMAP es un grupo de jóvenes pianistas creado en el año 2002 como iniciativa de la profesora Hilda Herrera. Desde su aparición hasta la fecha han realizado varios conciertos en diversas salas de Buenos Aires (Sala C. Guastavino del Centro Nacional de la Música, Sala J.L. Borges de la Biblioteca Nacional, Sala A. Piazzolla del Teatro Argentino de La Plata, Auditorio de Radio Nacional, entre otros); han grabado dos CDs: “Argentina desde el piano” (2005) y el CD doble “Huellas” (2009) ambos editados de forma independiente por el grupo; y han editado el álbum de partituras “Argentina desde el piano” (2005), proyecto por el cual ganaron un subsidio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
José Bulos
Profesor de Música con Orientación Piano
(Universidad Nacional del Litoral)
Hay diferentes actividades a las que llamamos “hacer música”. Hace música quien repite una melodía “de oído” cantando o tocando un instrumento, hace música quien compone, quien lee una partitura y la comprende, quien hace sonar lo que los signos escritos establecen, hace música quien improvisa o inventa tocando o cantando. De la misma manera participa del hecho musical el que puede integrarse a un grupo de personas haciendo palmas o cantando, y también quien escucha y es capaz de conmoverse por lo que percibe.
Muchas veces el aprendizaje musical (formal o informal) toma una sola de estas actividades y la prioriza por encima de las otras. Encontramos personas que nos cuentan que aprendieron a tocar un instrumento leyendo partituras y que creen que “no tienen oído” (aunque sus orejas sean más que visibles); otros que son capaces de acompañar canciones tocando los acordes correctos “de oído” pero no saben cómo se llaman esos acordes ni pueden entender una partitura (creen que leer música es para músicos, y ellos dicen no pertenecer a esa selecta categoría); otros que piensan que son incapaces para crear o componer siquiera una obra sencilla (pero sí pueden escribir textos, inventar recetas de cocina, dibujar, crear bromas para divertirse con amigos,...); y hay más casos.
En la actualidad sabemos que las distintas actividades musicales (tocar solo, tocar con otros, cantar, cantar en grupo, componer, improvisar, sacar de oído, leer, escuchar, dirigir, etc.) se complementan entre sí. Esta complementación permite que quien aprende entienda el sentido de cada actividad y la valore. Y lo que el alumno valora difícilmente sea olvidado.
Para lograrlo es necesario que el alumno pueda participar en diferentes instancias de trabajo grupal e individual que le permitan conocer sus capacidades, preferencias y dificultades; complementando y dinamizando su proceso de aprendizaje.
¿Por qué hacer arte?
En principio, por hacer arte. Hay algo de inexplicable en el estado que genera la acción y que nos conmueve, nos deslumbra, nos emociona. A partir de ese estado podemos conocemos, descubrir qué es lo que nos atrae realmente, qué nos gusta, qué nos moviliza y también qué nos incomoda, nos molesta, nos rebela. Esto es lo que aparece en bibliografías como “goce estético”, y ese goce está presente desde el nacimiento de la humanidad.
Pero también es importante que expliquemos que el estado de crisis permanente en que vivimos se fundamenta, entre otras cosas, en la ausencia de determinados valores como la sensibilidad, la capacidad de conmovernos, la valoración de los logros propios y los ajenos, la aceptación de las propias limitaciones y las de los demás, la tolerancia, el diálogo como herramienta para el acuerdo y la capacidad para el trabajo en grupo. Creemos que el arte puede ayudar a recuperar esos valores; y que no es casual que en la actualidad las actividades artísticas no son priorizadas y son reemplazadas por fenómenos masivos, repetitivos, redundantes, cada vez menos elaborados y más generalizados.
Sabemos que la concentración y dedicación que exige el estudio de un instrumento musical, la atenta sensibilidad, la adopción de distintos roles que son necesarios para hacer música en grupo y la posibilidad de participar como auditorio de diferentes propuestas artísticas generan un ámbito propicio para nuestro crecimiento como seres humanos, al permitirnos desenvolvernos en espacios que poseen sus propias reglas, donde no tienen cabida nuestras diferencias sociales y económicas, donde la humildad y el trabajo son los principales valores.
Por otra parte, el que hace arte (en cualquier nivel) posee una particular sensibilidad. Esta sensibilidad le permite percibir y sentir profundamente lo que otros, que no tienen el entrenamiento específico, pueden ignorar. Esta capacidad de sentir no es exclusiva para lo artístico, sino que puede ser incorporada y aplicada a cualquier actividad, haciendo que se escuche más, se observe con dedicación y se detecten detalles o sutilezas que nos ayudan a comprender mejor.
Existen estudios neurológicos que demuestran que las diferentes actividades musicales (audición, ejecución, composición, lectura, etc.) están relacionadas con modos de pensamiento diferentes y activan secciones específicas en el cerebro. Además se observa una importante participación de ambos hemisferios cerebrales, por lo que algunos no dudan en afirmar que la música es la actividad que activa la mayor cantidad de secciones cerebrales al mismo tiempo. Por ello la práctica musical sistemática implica un desarrollo psicomotriz e intelectual beneficioso para cualquier persona.
Teniendo en cuenta lo que aquí explicamos y lo que aprendimos a partir de nuestra experiencia personal, decidimos encarar el desafío de ofrecer a nuestra comunidad una alternativa de formación musical acorde con nuestro pensamiento.
Además de las clases de instrumento, que son individuales o en grupos de hasta tres alumnos, proponemos prácticas grupales. En estas dos instancias queremos abordar las distintas actividades musicales, atendiendo a la sensibilización y comprensión de los diferentes procesos, tendiendo a lograr creatividad y capacidad para expresar de manera conciente.
No nos interesaría nada de lo que aquí escribimos si no fuésemos capaces de disfrutar y divertirnos en nuestra actividad docente. La posibilidad de compartir con nuestros alumnos (que tienen entre 6 y muchos años más...) sus ocurrencias, sus logros emocionados y sus desafíos a todo o nada es lo que nos permite pensar que algún cambio es posible, que todos tenemos algo que ofrecer y que... ¡VIVA LA MÚSICA!