domingo, 30 de mayo de 2010
Relecturas de tango y folklore
Conducidos por la pianista y compositora, un puñado de músicos, alumnos de la escuela de Creadores e Intérpretes de la Música Argentina en Piano, abordará la obra de Pedro Laurenz y Chacho Muller. La idea es buscar en el piano la más amplia dimensión posible.
“Sin gente tan talentosa esto no hubiese sido posible.” Hilda Herrera no oculta su orgullo cuando habla del Cimap –Creadores e Intérpretes de la Música Argentina en Piano–, el grupo de jóvenes pianistas que conduce y que hace tiempo trascendió el ámbito pedagógico, traduciendo las instancias del aprendizaje en ciclos de conciertos, ediciones de partituras y discos. Hoy a las 20, en la Sala Carlos Guastavino del Centro Nacional de la Música (México 564) Lisandro Baum, José Bulos, Liliana Campo, Sebastián Gangi, Juan Pablo Marcó, Jorge Martínez, Matías Martino, Luis Melicchio, Nicolás Müller y Andrés Pilar, pianistas del Cimap, ofrecerán otro concierto del ciclo que los primeros viernes de cada mes da cuenta de la obra de alguna de las figuras cardinales de la música argentina. La serie que comenzó en abril con un homenaje a Ariel Ramírez recordará en su segunda fecha la obra de dos figuras distintas, pero igualmente trascendentes, de la música argentina: el rosarino Chacho Muller y su paisaje de humanidad ribereña reflejado en creaciones como “Creciente de nueve lunas”, y Pedro Laurenz, el impulsor de un estilo inconfundible en el bandoneón y compositor de páginas como “Milonga de mis amores” y “Amurado”. La entrada es libre y gratuita.
“Este trabajo viene de lejos, cuando en el Centro Cultural General San Martín comenzamos un proyecto muy ambicioso, que quería incluir a todos los instrumentos. En 2002, Eduardo Rodríguez Arguibel me propuso trasladar ese trabajo al Centro Nacional de la Música y enseguida pensé que se llegaría a resultados más concretos si ceñíamos la enseñanza sólo al piano. Así nació el Cimap”, relata Herrera, pianista referente de la música argentina, difusora infatigable de obras que sin sacrificar sus raíces teje lazos con el universo y compositora además de piezas esenciales del cancionero, como “Zamba del chaguanco” y “La diablera”, por ejemplo. “La idea pasa por recibir alumnos que lleguen tocando y que, además de leer, escriban música –continúa–. Por un lado se trabajan los estilos, claro, pero también se asume una tarea importantísima, la de reescribir mucha de la música que por distintas razones está mal escrita o escrita someramente.” En esa manera de pensar la música mientras se la cultiva, folklore y tango buscan en el piano la más amplia dimensión posible. “Es importante que cada alumno logre su propio estilo –asegura Herrera– y que haga sus propios arreglos y sus propias composiciones. Que trabaje desde una visión más universal de la cosa, pero sin perder el fondo sobre el que me gusta trabajar, que tiene que ver con lo rítmico, lo formal y la simpleza armónica que en general tiene nuestra música. Es necesario poner gran cuidado en el toque: no es lo mismo interpretar una chacarera que una huella y en el piano, con las posibilidades tímbricas que ofrece, es importante distinguirlo.”
Alrededor del piano de la Sala Guastavino del Centro Nacional de la Música, como en una clase más, algunos de los integrantes del Cimap conversan sobre lo que significó para ellos entrar en el universo de la música popular en el piano. Un ámbito que exige tanta rigurosidad técnica como coherencia estilística. “Cuando venís de una formación clásica, en la que sólo te enseñan a leer, pasa un tiempo hasta que entendés que acá es posible soltarse. Eso puede ser una barrera, hasta que descubrís la música desde otro ángulo, un lugar que tiene que ver con la posibilidad de arreglar, de poner mucho de lo tuyo”, dice Nicolás Müller, el decano de los integrantes del Cimap. “Si uno llega muy embalado con otra historia, lo primero que siente cuando escucha folklore en el piano es que le faltan cosas –interviene Lisandro Baum–. A vos te enseñaron que la música moderna debe tener determinado lenguaje armónico y cierta complejidad, pero de pronto te encontrás que no podés tocar una chacarera, que no te sale. Cuando empezás a laburar lo que tiene que ver con los tipos de toques, con el timbre, entendés que a esa música no le falta nada y que la cosa pasa por otro lado.” “Tampoco es necesario romper la forma para ser modernos, si así como está es hermosa. En ese equilibrio natural que tiene que ver en el encuentro entre lo armónico y lo rítmico está la raíz”, sostiene Andrés Pilar.
Tanto en el tango como en el folklore, el piano ha desarrollado su propia gramática, además de una tradición sostenida en una genealogía de talentos que con la variedad de sus aportes dieron forma a un mosaico riquísimo en matices. “Siempre se descubren pianistas de otras épocas y a medida que aparecen uno los va apreciando –dice Matías Martino–. Cuando empecé a estudiar no tenía pianistas muy a mano. En mi pueblo se escuchaba a Los Hermanos Abalos, porque siempre los ponían en los actos de la escuela para bailar folklore.” “Es que en el folklore es más fácil encontrar pianistas acompañantes. Lo primero que escuché en piano solo de folklore fue lo del Cuchi Leguizamón”, agrega Baum. Para Müller, falta una tradición difusora de pianistas en el folklore: “Tal vez en el tango haya un poco más. En el folklore lo primero que conocí fue lo que hizo Carlos García y después, cuando se reeditaron sus discos, a Waldo de los Ríos. Con Hilda conocimos también a Remo Pignoni a Chany Inchausti”, sostiene. “Con Hilda tenemos la referencia de primera mano respecto de ellos, porque los conoció de cerca”, asegura Martino y agrega: “En pianistas como Hilda, uno nota que el folklore no cambia al pasar a otro instrumento; mantiene ese sabor, porque escuchás que están la guitarra y el bombo, cosa poco común. Acá lo que hacemos es redescubrir eso”.
Después de numerosos conciertos monográficos sobre la obra de Atahualpa Yupanqui, Alfredo Gobbi, Homero Manzi, Horacio Salgán, Cuchi Leguizamón, Eduardo Falú, entre otros, y dos trabajos discográficos –Argentina desde el piano (2005) y Huellas (2009)– además de un álbum de partituras, en su tercer ciclo consecutivo en la Sala Carlos Guastavino, el Cimap mantiene alta la apuesta. Tras el concierto de homenaje a Ariel Ramírez –que piensan repetir a raíz del éxito obtenido– y del próximo dedicado a Chacho Muller y Pedro Laurenz, los pianistas dedicarán un programa a la música de Joaquín Mora, el autor de “Margarita Gautier”, “El africano” y “Esclavo”, entre otras perlas, uno de los precursores del Romanticismo en la década del ’30. “También tenemos pensado editar este año los arreglos que en todo este tiempo logramos plasmar –asegura Herrera, que en estos días publicó un nuevo disco con una mirada pianística sobre músicas de Carlos Gardel–. La idea es hacer cuadernos con la música de cada región. Es un trabajo muy importante y de gran utilidad, porque por ejemplo en los conservatorios es obligatorio incluir una obra argentina y siempre se cae en los mismos autores. Cultura de la Nación está interesada en publicarlo y acá no es necesario encargar nada: esto ya está listo.”
jueves, 13 de mayo de 2010
Para sentirse bien subiendo una escalera
Este video forma parte de una campaña de Volkswagen dirigida a mostrar que es posible modificar algunos hábitos de la gente, simplemente haciendo que ciertas actividades que se desea promover sean un poco más divertidas.
miércoles, 14 de abril de 2010
Cimap abrió su ciclo mensual de conciertos.Tributo de jóvenes pianistas a Ariel Ramírez
Publicado por LA NACIÓN 14/04/10
José Bulos, integrante del proyecto
Cimap (que significa Creadores e Intérpretes de Música Argentina en Piano) es un proyecto que nació hace seis años, encabezado por la pianista y docente Hilda Herrera e integrado por un grupo de jóvenes intérpretes de entre 20 y 30 años, en su mayoría. Este colectivo musical acaba de publicar su segundo disco, Huellas, que es doble e incluye temas propios y de varios compositores conocidos. Además, el último viernes comenzó en el Centro Nacional de la Música un ciclo de conciertos que se realizarán una vez al mes, en la sede de México 564.
Para esta ocasión, parte del grupo de solistas (Lisandro Baum, José Bulos, Liliana Campo, Sebastián Gangi, Juan Pablo Marcó, Jorge Martínez, Matías Martino, Nicolás Müller y Andrés Pilar) preparó un repertorio con obras de Ariel Ramírez, a modo de tributo al compositor, fallecido hace algo más de un mes.
Según Müller, encargado de la apertura, la intención que tienen con este proyecto es trasladar la canción al piano, y Ramírez es uno de los mayores exponentes de la canción (aquí vale agregar: a pesar de haber sido pianista; no autor ni cantante). Si bien puede ser todo un desafío, los pianistas estuvieron a sus anchas, ya que Ramírez fue uno de los mayores melodistas del folklore, y hay que tener en cuenta que la melodía es un elemento en torno al cual gira buena parte del trabajo que realizan desde Cimap.
Eso quedó expuesto ya desde las primeras composiciones de Ramírez que se escucharon: "Gringa chaqueña", de la serie Mujeres argentinas, en la versión de Müller, y, de la misma serie, "Dorotea la cautiva", por Marcó; "Juana Azurduy", por Martínez, y "Alfonsina y el mar", por Andrés Pilar. En una noche que culminó con la participación del bombisto y bailarín Vitillo Abalos como invitado, también hubo buenas interpretaciones de Liliana Campo, que puso el cuerpo y el alma a "La última palabra", y Lisandro Baum en dos obras muy diferentes entre sí: "La tristecita" y "El nacimiento del charango".
Para el próximo mes, el ciclo, de entrada libre y gratuita, continuará con otra entrega pianística.
Mauro Apicella
José Bulos, integrante del proyecto
Cimap (que significa Creadores e Intérpretes de Música Argentina en Piano) es un proyecto que nació hace seis años, encabezado por la pianista y docente Hilda Herrera e integrado por un grupo de jóvenes intérpretes de entre 20 y 30 años, en su mayoría. Este colectivo musical acaba de publicar su segundo disco, Huellas, que es doble e incluye temas propios y de varios compositores conocidos. Además, el último viernes comenzó en el Centro Nacional de la Música un ciclo de conciertos que se realizarán una vez al mes, en la sede de México 564.
Para esta ocasión, parte del grupo de solistas (Lisandro Baum, José Bulos, Liliana Campo, Sebastián Gangi, Juan Pablo Marcó, Jorge Martínez, Matías Martino, Nicolás Müller y Andrés Pilar) preparó un repertorio con obras de Ariel Ramírez, a modo de tributo al compositor, fallecido hace algo más de un mes.
Según Müller, encargado de la apertura, la intención que tienen con este proyecto es trasladar la canción al piano, y Ramírez es uno de los mayores exponentes de la canción (aquí vale agregar: a pesar de haber sido pianista; no autor ni cantante). Si bien puede ser todo un desafío, los pianistas estuvieron a sus anchas, ya que Ramírez fue uno de los mayores melodistas del folklore, y hay que tener en cuenta que la melodía es un elemento en torno al cual gira buena parte del trabajo que realizan desde Cimap.
Eso quedó expuesto ya desde las primeras composiciones de Ramírez que se escucharon: "Gringa chaqueña", de la serie Mujeres argentinas, en la versión de Müller, y, de la misma serie, "Dorotea la cautiva", por Marcó; "Juana Azurduy", por Martínez, y "Alfonsina y el mar", por Andrés Pilar. En una noche que culminó con la participación del bombisto y bailarín Vitillo Abalos como invitado, también hubo buenas interpretaciones de Liliana Campo, que puso el cuerpo y el alma a "La última palabra", y Lisandro Baum en dos obras muy diferentes entre sí: "La tristecita" y "El nacimiento del charango".
Para el próximo mes, el ciclo, de entrada libre y gratuita, continuará con otra entrega pianística.
Mauro Apicella
martes, 6 de abril de 2010
Homenaje a Ariel Ramírez
Dirección Nacional de Artes / Dirección de Música y Danza
CIMAP
"Creadores e Intérpretes de la Música Argentina en Piano"
Dirigido por: HILDA HERRERA
Concierto de Apertura del Ciclo "Argentina desde el piano 2010"
Un emotivo recorrido por buena parte de la obra del gran músico argentino, recientemente fallecido.
Pianistas:
Lisandro Baum, José Bulos, Liliana Campo, Sebastián Gangi, Juan Pablo Marcó, Jorge Martínez, Matías Martino, Luis Melicchio, Nicolás Müller, Andrés Pilar.
Viernes 9 de abril - 20 hs.
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA
Centro Nacional de la Música
Sala Carlos Guastavino
México 564 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires
El CIMAP es un grupo de jóvenes pianistas creado en el año 2002 como iniciativa de la profesora Hilda Herrera. Desde su aparición hasta la fecha han realizado varios conciertos en diversas salas de Buenos Aires (Sala C. Guastavino del Centro Nacional de la Música, Sala J.L. Borges de la Biblioteca Nacional, Sala A. Piazzolla del Teatro Argentino de La Plata, Auditorio de Radio Nacional, entre otros); han grabado dos CDs: “Argentina desde el piano” (2005) y el CD doble “Huellas” (2009) ambos editados de forma independiente por el grupo; y han editado el álbum de partituras “Argentina desde el piano” (2005), proyecto por el cual ganaron un subsidio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
www.myspace.com/CIMAP
sábado, 3 de abril de 2010
¡VIVA LA MÚSICA!
José Bulos
Profesor de Música con Orientación Piano
(Universidad Nacional del Litoral)
Profesor de Música con Orientación Piano
(Universidad Nacional del Litoral)
Hay diferentes actividades a las que llamamos “hacer música”. Hace música quien repite una melodía “de oído” cantando o tocando un instrumento, hace música quien compone, quien lee una partitura y la comprende, quien hace sonar lo que los signos escritos establecen, hace música quien improvisa o inventa tocando o cantando. De la misma manera participa del hecho musical el que puede integrarse a un grupo de personas haciendo palmas o cantando, y también quien escucha y es capaz de conmoverse por lo que percibe.
Muchas veces el aprendizaje musical (formal o informal) toma una sola de estas actividades y la prioriza por encima de las otras. Encontramos personas que nos cuentan que aprendieron a tocar un instrumento leyendo partituras y que creen que “no tienen oído” (aunque sus orejas sean más que visibles); otros que son capaces de acompañar canciones tocando los acordes correctos “de oído” pero no saben cómo se llaman esos acordes ni pueden entender una partitura (creen que leer música es para músicos, y ellos dicen no pertenecer a esa selecta categoría); otros que piensan que son incapaces para crear o componer siquiera una obra sencilla (pero sí pueden escribir textos, inventar recetas de cocina, dibujar, crear bromas para divertirse con amigos,...); y hay más casos.
En la actualidad sabemos que las distintas actividades musicales (tocar solo, tocar con otros, cantar, cantar en grupo, componer, improvisar, sacar de oído, leer, escuchar, dirigir, etc.) se complementan entre sí. Esta complementación permite que quien aprende entienda el sentido de cada actividad y la valore. Y lo que el alumno valora difícilmente sea olvidado.
Para lograrlo es necesario que el alumno pueda participar en diferentes instancias de trabajo grupal e individual que le permitan conocer sus capacidades, preferencias y dificultades; complementando y dinamizando su proceso de aprendizaje.
¿Por qué hacer arte?
En principio, por hacer arte. Hay algo de inexplicable en el estado que genera la acción y que nos conmueve, nos deslumbra, nos emociona. A partir de ese estado podemos conocemos, descubrir qué es lo que nos atrae realmente, qué nos gusta, qué nos moviliza y también qué nos incomoda, nos molesta, nos rebela. Esto es lo que aparece en bibliografías como “goce estético”, y ese goce está presente desde el nacimiento de la humanidad.
Pero también es importante que expliquemos que el estado de crisis permanente en que vivimos se fundamenta, entre otras cosas, en la ausencia de determinados valores como la sensibilidad, la capacidad de conmovernos, la valoración de los logros propios y los ajenos, la aceptación de las propias limitaciones y las de los demás, la tolerancia, el diálogo como herramienta para el acuerdo y la capacidad para el trabajo en grupo. Creemos que el arte puede ayudar a recuperar esos valores; y que no es casual que en la actualidad las actividades artísticas no son priorizadas y son reemplazadas por fenómenos masivos, repetitivos, redundantes, cada vez menos elaborados y más generalizados.
Sabemos que la concentración y dedicación que exige el estudio de un instrumento musical, la atenta sensibilidad, la adopción de distintos roles que son necesarios para hacer música en grupo y la posibilidad de participar como auditorio de diferentes propuestas artísticas generan un ámbito propicio para nuestro crecimiento como seres humanos, al permitirnos desenvolvernos en espacios que poseen sus propias reglas, donde no tienen cabida nuestras diferencias sociales y económicas, donde la humildad y el trabajo son los principales valores.
Por otra parte, el que hace arte (en cualquier nivel) posee una particular sensibilidad. Esta sensibilidad le permite percibir y sentir profundamente lo que otros, que no tienen el entrenamiento específico, pueden ignorar. Esta capacidad de sentir no es exclusiva para lo artístico, sino que puede ser incorporada y aplicada a cualquier actividad, haciendo que se escuche más, se observe con dedicación y se detecten detalles o sutilezas que nos ayudan a comprender mejor.
Existen estudios neurológicos que demuestran que las diferentes actividades musicales (audición, ejecución, composición, lectura, etc.) están relacionadas con modos de pensamiento diferentes y activan secciones específicas en el cerebro. Además se observa una importante participación de ambos hemisferios cerebrales, por lo que algunos no dudan en afirmar que la música es la actividad que activa la mayor cantidad de secciones cerebrales al mismo tiempo. Por ello la práctica musical sistemática implica un desarrollo psicomotriz e intelectual beneficioso para cualquier persona.
Teniendo en cuenta lo que aquí explicamos y lo que aprendimos a partir de nuestra experiencia personal, decidimos encarar el desafío de ofrecer a nuestra comunidad una alternativa de formación musical acorde con nuestro pensamiento.
Además de las clases de instrumento, que son individuales o en grupos de hasta tres alumnos, proponemos prácticas grupales. En estas dos instancias queremos abordar las distintas actividades musicales, atendiendo a la sensibilización y comprensión de los diferentes procesos, tendiendo a lograr creatividad y capacidad para expresar de manera conciente.
No nos interesaría nada de lo que aquí escribimos si no fuésemos capaces de disfrutar y divertirnos en nuestra actividad docente. La posibilidad de compartir con nuestros alumnos (que tienen entre 6 y muchos años más...) sus ocurrencias, sus logros emocionados y sus desafíos a todo o nada es lo que nos permite pensar que algún cambio es posible, que todos tenemos algo que ofrecer y que... ¡VIVA LA MÚSICA!
Muchas veces el aprendizaje musical (formal o informal) toma una sola de estas actividades y la prioriza por encima de las otras. Encontramos personas que nos cuentan que aprendieron a tocar un instrumento leyendo partituras y que creen que “no tienen oído” (aunque sus orejas sean más que visibles); otros que son capaces de acompañar canciones tocando los acordes correctos “de oído” pero no saben cómo se llaman esos acordes ni pueden entender una partitura (creen que leer música es para músicos, y ellos dicen no pertenecer a esa selecta categoría); otros que piensan que son incapaces para crear o componer siquiera una obra sencilla (pero sí pueden escribir textos, inventar recetas de cocina, dibujar, crear bromas para divertirse con amigos,...); y hay más casos.
En la actualidad sabemos que las distintas actividades musicales (tocar solo, tocar con otros, cantar, cantar en grupo, componer, improvisar, sacar de oído, leer, escuchar, dirigir, etc.) se complementan entre sí. Esta complementación permite que quien aprende entienda el sentido de cada actividad y la valore. Y lo que el alumno valora difícilmente sea olvidado.
Para lograrlo es necesario que el alumno pueda participar en diferentes instancias de trabajo grupal e individual que le permitan conocer sus capacidades, preferencias y dificultades; complementando y dinamizando su proceso de aprendizaje.
¿Por qué hacer arte?
En principio, por hacer arte. Hay algo de inexplicable en el estado que genera la acción y que nos conmueve, nos deslumbra, nos emociona. A partir de ese estado podemos conocemos, descubrir qué es lo que nos atrae realmente, qué nos gusta, qué nos moviliza y también qué nos incomoda, nos molesta, nos rebela. Esto es lo que aparece en bibliografías como “goce estético”, y ese goce está presente desde el nacimiento de la humanidad.
Pero también es importante que expliquemos que el estado de crisis permanente en que vivimos se fundamenta, entre otras cosas, en la ausencia de determinados valores como la sensibilidad, la capacidad de conmovernos, la valoración de los logros propios y los ajenos, la aceptación de las propias limitaciones y las de los demás, la tolerancia, el diálogo como herramienta para el acuerdo y la capacidad para el trabajo en grupo. Creemos que el arte puede ayudar a recuperar esos valores; y que no es casual que en la actualidad las actividades artísticas no son priorizadas y son reemplazadas por fenómenos masivos, repetitivos, redundantes, cada vez menos elaborados y más generalizados.
Sabemos que la concentración y dedicación que exige el estudio de un instrumento musical, la atenta sensibilidad, la adopción de distintos roles que son necesarios para hacer música en grupo y la posibilidad de participar como auditorio de diferentes propuestas artísticas generan un ámbito propicio para nuestro crecimiento como seres humanos, al permitirnos desenvolvernos en espacios que poseen sus propias reglas, donde no tienen cabida nuestras diferencias sociales y económicas, donde la humildad y el trabajo son los principales valores.
Por otra parte, el que hace arte (en cualquier nivel) posee una particular sensibilidad. Esta sensibilidad le permite percibir y sentir profundamente lo que otros, que no tienen el entrenamiento específico, pueden ignorar. Esta capacidad de sentir no es exclusiva para lo artístico, sino que puede ser incorporada y aplicada a cualquier actividad, haciendo que se escuche más, se observe con dedicación y se detecten detalles o sutilezas que nos ayudan a comprender mejor.
Existen estudios neurológicos que demuestran que las diferentes actividades musicales (audición, ejecución, composición, lectura, etc.) están relacionadas con modos de pensamiento diferentes y activan secciones específicas en el cerebro. Además se observa una importante participación de ambos hemisferios cerebrales, por lo que algunos no dudan en afirmar que la música es la actividad que activa la mayor cantidad de secciones cerebrales al mismo tiempo. Por ello la práctica musical sistemática implica un desarrollo psicomotriz e intelectual beneficioso para cualquier persona.
Teniendo en cuenta lo que aquí explicamos y lo que aprendimos a partir de nuestra experiencia personal, decidimos encarar el desafío de ofrecer a nuestra comunidad una alternativa de formación musical acorde con nuestro pensamiento.
Además de las clases de instrumento, que son individuales o en grupos de hasta tres alumnos, proponemos prácticas grupales. En estas dos instancias queremos abordar las distintas actividades musicales, atendiendo a la sensibilización y comprensión de los diferentes procesos, tendiendo a lograr creatividad y capacidad para expresar de manera conciente.
No nos interesaría nada de lo que aquí escribimos si no fuésemos capaces de disfrutar y divertirnos en nuestra actividad docente. La posibilidad de compartir con nuestros alumnos (que tienen entre 6 y muchos años más...) sus ocurrencias, sus logros emocionados y sus desafíos a todo o nada es lo que nos permite pensar que algún cambio es posible, que todos tenemos algo que ofrecer y que... ¡VIVA LA MÚSICA!
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